lunes, octubre 16, 2006

¿Qué aparecerá mañana?

No existe un patrón aparente, un cordón umbilical visible que le dé coherencia, un sentido a las entradas de esta válvula de escape de lo íntimo y particular. Surgen, más bien, por los impulsos de lo que depara el amacener, cuando alguna frase o imagen se ha descolgado del sueño.

A veces me muevo por los días creyéndome una especie de Karen Blixen con cara de lápiz (¡Dios, qué feo soy, esa nariz que me anuncia, las orejas que no me caben en la cabeza, el cuerpecillo de tigretón! Ahora, además, después de mi intento de cortarme el pelo yo sólo, con la testa casi rapada, sólo falta el número 8 en mi calva y un tipo que diga: "La 8 en la esquina").

Si a la sosias de Isak Dinesen, además de lavarle el pelo (una de las escenas más eróticas y sexys del cine, ¡cuántas no habrán soñado con una situación como esa, con un tipo como el Redford acariciándole el cabello! Personalmente me quedo con Berkeley, el amigo elegante y discreto de Finch, tan británico y al tiempo tan rotundamente libre), le daban una entrada para componer una narración sobre la marcha, a mí me asaltan las historias en lugares menos prosaicos: un vagón de tren, al lavarme los dientes, encima de la bici.

La última anteayer. "La nostalgia me desnutre". Así me desperté, después de un viaje onírico que, como siempre, no recuerdo. Esa frase, en forma de pensamiento, viene a mi lado a todas horas. ¡Hay que joderse! ¡Por qué no aparecerán restos del sueño en forma de mujer atractiva y sensual, o sensaciones más materialistas, como que me toca la lotería! No, coño, se presenta lo profundo.

Ya me tienes, entonces, dándole vueltas, buscándole el sentido. ¿Lo tendrá? ¿Será una manifestación de mi subconsciente? Descubro, al cabo de unas horas, que he dejado de añorar lo perdido, que la evocación de lo vivido es únicamente a través de imágenes que me hacen sonreir o gritar, que los sentimientos de culpa, alegría o tristeza ya no me sirven, más bien me hacen retroceder si no los empleo en crecer.

Así que me ocupo en no olvidar, pero con la mirada puesta en lo que ha de venir. Ya sé que suena, pero, de cuando en cuando, me lo tengo que decir. Y como ahora, por fin, vuelvo a escribir, lo cuento, no vaya a ser que el gran Rask siga preocupándose por mí de madrugada, cuando el aire acondicionado, además de dejar a la Chelotas como un polo de limón, todavía no le concilia el sueño.

4 Comments:

At 8:18 p. m., Anonymous Anónimo said...

no cambiarás nunca...

 
At 9:35 p. m., Blogger Raquel said...

¡Jo! Pues yo iba a decir que estás más enigmático que Erasmo (el de Pradillo, no el de Rotterdam) pero el usuario anónimo ya ha dicho que has sido así siempre...

El texto es demasiado profundo para mi concepción frívola de la vida y no creo que encontrara palabras (escritas)para contestarte un lunes a esta hora (un viernes frente a una cerveza, tal vez).

Por tanto me centro en lo banal: aunque soy de las que soñó con encontrar a Denys en África, también prefiero a Berkely pero... libre... ¿libre? Tampoco él era tan libre. Esclavo de los prejuicios, sometido a 'la conciencia de clase' por la que nunca presentó a su mujer somalí como tal (¡qué guapa Iman!) al selecto grupo de europeos que asistió, apenado, a su funeral pero que nunca habría aceptado esa relación. Por tanto, si la ocultó, no era tan libre.

 
At 10:16 p. m., Anonymous Anónimo said...

Yo no conocía a este Berkely, qué poca culturilla...tendré que volver a ver la peli. Malati, muy aguda, me ha gustado tu reflexión.
Y coincido contigo.

Yo, lo que pienso, es que mañana vendrá lo que nos toque o lo que queramos que venga, pero siempre podremos elegir el modo como afrontar aquello que nos encontremos (aunque sólo sean sentimientos).

Hace tiempo que vengo pensando que hay que conjugar lo banal con lo profundo... Corremos el riesgo, al sobreanalizarlo todo (y sé de qué hablo por experiencia)de que se nos vaya la vida en grandilocuentes ideas o sentimientos embriagadores.Y mientras, dejemos a un lado la vida con mayúsculas, que consiste en vivirla, no sólo en pensarla.

A mí me gusta hablar de sentimientos y vivirlos, pero también me gusta dejar el cerebro en salmuera, por un tiempo, y mojarlo de cerveza y superficialidad.

Cuando me siento como nos cuenta nuestro blogger, yo, me voy a la calle e intento centrarme en todo lo que no seamos yo y mis circunstancias. Y me sienta de maravilla.

 
At 12:35 p. m., Blogger folabe said...

Nada, os presento, que seguro que con tanta profundidad os caeréis bien. Además seguro que os gustan hasta los mismos chistes, esos sobre en que se parece un tío a...
Ya sabeis que a mí tanta profundidad no se me da bien, que lo único que me gusta es una mahou bien fría después de unos kilómetros en bici.
¡Pero, doy el pego, ¿verdad?

 

Publicar un comentario

<< Home