miércoles, noviembre 29, 2006

Buenos motivos

Cantan Sabina y Pablo Milanés "La canción más hermosa del mundo". Por una de esas extrañas asociación de ideas lo relaciono con los motivos que llevan a alguien a querer hacer algo creativo en su vida, un impulso que no doma el tiempo y que se adapta a sus vaivenes. ¿Somos, entonces, lo que queremos o ser o en lo que al final nos hemos convertido? ¡Carallo, demasiado profundo!

En resumidas cuentas, ¿por qué escribo? Me voy hacia atrás para intentar entenderlo.

Cuando tenía 11 años creía que quería ser periodista. Y qué hacen: escribir, contar. Pues, yo también. Así que me inventé una gacetilla para el grupo scout con el que transité la infancia. Duré sólo dos números. Ya se asomaban otras tentaciones, pero algo había calado. ¡Ese espíritu!

A los 18, quería ser periodista y antes de empezar mis estudios universitarios colaboré con una revista de Turismo en Alicante para dejar mi primer titular: "De la zapatilla y la tortilla, a un turismo más serio". ¡Toma ya, para los anales del periodismo español!

En segundo de carrera descubrí que me atraía escuchar historias anónimas y perfirlas después con mi imaginación. ¡La de horas que me tiré en "El Sardanápalo", atento a lo que decían el Montoya y el Taranto!

Total para que al año siguiente encontrara el primer sentido a esta pasión/obsesión: era la mejor manera de llegar al corazón de una mujer y de ahí a sus labios y luego al resto de su geografía. ¡Lo que tenemos que hacer los feos!

Aquello se mantuvo hasta que terminé Periodismo y lo que era una pulsión se convirtió en una responsabilidad y una forma de ganarme la vida. Como recuerda Rask, ¡había que empezar a pagar facturas!

En esos años se agotó mi crédito interno imaginativo y el personal. Por eso, ahora que lo recupero y que las nuevas tecnologías me lo permiten, ¡no puedo parar! ¡Y es la una de la madrugada!

viernes, noviembre 24, 2006

Y mañana... Fito

Llega el momento. Expectación. Día de concierto. Fito y los Fitipaldis. ¿Nervios? ¡Ni que fuera a subir yo al escenario!

En el fondo, no quiero cambiar
En el fondo, sabes, nena, no quiero cambiar
Porque todo se me olvida
cuando empezamos a tocar

Pero una cierta emoción sí que aparece. No deja de ser uno de esos músicos que inspiran y que hacen más llevaderas las mañanas y las noches.

No sé cuanto tiempo habré perdido.
Vivo tan deprisa que se cae de los bolsillos.
A pesar de todo he aprendido
si la noche es clara a la luna se le ve el ombligo.
¡Mira que a la luna se le ve el ombligo!

Allá que vamos. Cerveza, risas, bailes, mecheros arriba, mecheros abajo, abrazos, más risas y cervezas. Sólo faltan los besos.

La noche yo y tú la luna,
tú la cerveza y yo la espuma.
Se me ponen si me besas
rojitas las orejas

Los hay que consideran que el Cabrales se ha convertido en un gruyere desde que dejó a Platero. Otros piensan que su aceleración a lo fitipaldi ha sacado a un letrista excelso. Bueno, puede ser. Qué más da.

A través de mis orejas discutiendo a pleno grito
El demonio a mi derecha y a la izquierda un angelito
Demasiado acelerado, nunca encuentro mi destino
Yo no sé si mis zapatos durarán todo el camino

Además, un tipo que es capaz de reinventarse sin perder calidad, ni ironía, ni buen gusto componiendo tiene mi admiración. Admiro su legalidad, su autenticidad, su humildad. Igual luego me decepciona, pero, por ahora, no.

Dime tú qué puede saber
alguien que ha pasao la vida
buscando la melodía
(...)
Perdona, tengo cosas que hacer
que aún me queda media vida
pa´encontrar la melodía

De todas maneras, a ver qué me encuentro mañana. Ocurre que llevo varias semanas escuchando su último trabajo en mi MP3 y en esas que sale el músico frustado que soy y se monta su concierto particular en mi imaginación con los temas que oigo. "Así la tocaría yo". "Este solo lo haría más largo". "Aquí me encendería un pitillo". "En esta saltaría con rabia".

Una paranoia más.

Seguramente me sorprenderá de la misma forma que lo hizo la primera vez que vi en un escenario a Tahúres Zurdos, con la voz y la personalidad de Aurora Beltrán desatada en la maravillosa El chico de la mirada asustadiza o en Una noche de amor.

martes, noviembre 21, 2006

Al final, todo es sencillo


"Hay que cuidar a los amigos, Wanda, sin ellos somos unos desconocidos", espeta un Kris Kristoferson reflexivo y sereno a una camarera oyente, con el rostro de Genevieve Bujold, en la soberbia Inquietudes de un olvidado Alan Rudolph.

Wrrronnnggg, wrrronnnggg.

- ¡Umm, qué coño es eso!

Wrrronnnggg, wrrronnnggg. Guannnauuu, Guannnauuuuuuuuu.

- ¡Será posible, las 8 de la mañana y ya está dándole! ¡David, carajo!

Wrrronnnggg, wrrronnnggg. Guannnauuu, Guannnauuuuuuuuu.

Se incorpora de la cama y al pasar delante del espejo parece que se ha levantado la Bruja Avería. Abre con violencia la puerta del cuarto de baño, dispuesto a todo menos a rendirse.

- Escucha, Nando es la "Peligrosa María" de Los Suaves. Wrrronnnggg, wrrronnnggg. Guannnauuu, Guannnauuuuuuuuu.

La imagen no puede ser menos desarmante. Un tipo con una nariz como el saco de golpear de un boxeador, sentado en la taza del váter, con un albornoz amarillo canario desvaído y una Gibson Les Paul en sus rodillas.

- ¡Tronkolivo, has oído! ¡Es igual! Pirubirubi, pirubirubi, pirubirubi. Wrrronnnggg, wrrronnnggg.

Durante cuatro años, escenas parecidas a esta se sucedían, mientras la vida les acompañaba entre risas, desencuentros, complicidades, confidencias, amores, desengaños, pasiones, sorpresas.

Así ha transcurrido hasta ahora. Y así suele ocurrir cuando la amistad se apodera de uno. No hay lugar para el reproche, ni para el rencor, ni para el enfando constante y sí para el reconocimiento de lo que la otra persona es y lo que se acepta de ella.

En los últimos 11 meses, intensos, difíciles, duros y desabridos, no he sabido nada de David más que por su chica. Lo he intentado con denuedo e insistencia. Y por cada llamada mía que él no podía atender y que iba retrasando nuestra charla, sabía que él sufría por no encontrar un hueco en su vida. Pero así es y así entiendo a mi amigo. Como dijo el poeta: "No hay tranquilidad para un espíritu tan inquieto".

La recompensa, porque siempre la hay, ha sido el reencuentro telefónico. Tanta, que las cuatro horas seguidas de clase que he impartido se me han hecho cortas y emocionantes, como si estuviera poseído por ese espíritu intranquilo. Hasta he defendido con ardor ante los alumnos que la mejor banda de rock sigue siendo AC/DC.

Claro, con el pasado tan hard no se puede pensar otra cosa.
PD. Los de los extremos de la fotografía en la actualidad podrían hacer el anuncio de los pelochos del 11888. Solo faltaría Gaspar, aunque a este de momento le queda pelo y se pelea con la guía telefónica por encontrar un endocrino. ¡Ya se incorporará! Je,je,je.

martes, noviembre 14, 2006

Sorpresas de madrugada


Esos transportes públicos, trenes y autobuses, en los que escucho música, leo, observo y sueño (a veces, incluso, todo en un viaje y en ese orden), me traían hoy la musa de la inspiración. Compartían posibilidades los atardeceres de estos días y el nacimiento de Julia, que luchaban por asomarse y transitar, sin mucha convicción, del corazón al intelecto, de la emoción a la razón creadora.

Sin embargo, al llegar al despacho, esas rutinas matinales de navegar en blogs amigos me sorprenden con una entrada íntima y cómplice de dos enamorados, con música de por medio. De repente, algo indescriptible y que a menudo me ocurre, me rapta. Es un subidón, un despertar, una urgencia, una necesidad, un aliento. ¡Qué carajo, no tengo ni idea! Sólo sé que me lleva a escribir con la misma compulsión con la que enciendo cigarrillos (algo que, por cierto, únicamente me ocurría cuando tenía que terminar un reportaje para el periódico hace años).

Y aquí estoy. Como no quiero defraudar a los dos temas que han viajado conmigo esta mañana, les daré bola por unas líneas. ¡Qué menos! Además, en el fondo, las tres cuestiones están relacionadas o se pueden reunir en algún momento.

Estos días pretéritos me han entusiasmado por la luz que han dejado las lluvias. Las tardes se teñían de un colorido inusual pero conocido. Se asemejaban a esas gamas pictóricas que ilustran el póster (que tanto persigue mi hermana Amaya) de una de esas películas que te marcan, de las que te hacen salir del cine con un sentimiento renovado y una mirada diferente, ni mejor ni peor, diferente. "Betty Blue", aunque el título original quiebra la tendencia facilona y absurda de los que les ponen nombres castellanos a las películas extranjeras: "37´2º Le matin". Pasión, amor, locura, amistad y literatura en un envase imperecedero.

En esas estaba, contemplando atardeceres, cuando una llamada anuncia el nacimiento de Julia, mi sobrina, un "garbancito", según mi tía Regina, con nombre de poema o de canción y que espero herede el atractivo de mi prima. Esa noticia recupera varias cosas. Por un lado, una conversación estival, en una terraza de El Barrio, con Felipe, sobre el reloj biológico masculino, que, y esta es la otra, no deja de funcionarme, aunque haya tardado años en tictactear en mi interior. Pero esto es otra historia.

Lo que tienen en común estas anécdotas, y se relacionan con la declaración de amor de párrafos atrás, es que todas conviven en el casco viejo de Alicante (no puedo sustraerme a llamarlo así, no sólo por cuestiones estilísticas, sino por la influencia de tantos años y experiencias vividas en Pamplona).

Allí, en esas calles, en sus bares, en su cine (cuando todavía se tenía en pie), en sus bares, en sus esquinas, he llorado, reído, cantado, amado. Y al igual que a Nacho y su chica, la madrugada también me ha sorprendido entre bostezos, besos y caricias.

lunes, noviembre 13, 2006

Pasito a pasito

De donde venía,
hacia donde iré.

Antes no quería volar,
ahora observo mis alas.

Seguro que desde arriba se ve
la forma de llegar.


miércoles, noviembre 08, 2006

Una de rock

Así de jóvenes eran Los Deltonos.




Esencia pura de rock, pero en castellano. Y con un guitarrista poliédrico.

martes, noviembre 07, 2006

De tres en tres y tiro otra vez

Menos mal que existe más vida después del tripartito.

Tres
los cerditos de la infancia,
los mosqueteros de la adolescencia,
los personajes, Topogigio y sus hermanos, que me inventé para dormir por las noches a la Turquita.

Tres
los colores de Kiewlowski,
los entrañables presos fugados de O´Brother,
los padrinos de John Ford.

Tres
los Magos de Oriente, que son más chulos que el gordinflón con cara de beber vodka entre chimenea y chimenea,
las bicis con las que me desplazo por Alicante,
los integrantes de una formación básica de rock, como Los DelTonos en sus inicios.

Tres
los pelos de Filemón, que son los que me quedarán en breve a mí,
las horas que invierto cada día en ir y venir al trabajo, cogiendo trenes y autobuses musicales,
las trilogías ("El señor de los anillos", "Indiana Jones" y "La guerra de las galaxias") que me puedo ventilar un día ocioso y "perruno".

Tres
por mil las veces que me cuesta decidirme,
las mujeres a las que escribí poemas y relatos,
las mujeres que ahora tienen sus propias sábanas.

Tres
los segundos que tardo en convencerme si alguien me hace sonreir,
los detalles que me atraen de una mujer: su mirada, su sentido del humor, sus besos,
los versos de un haiku:

Se despidieron
y en el adiós ya estaba
la bienvenida



Igual si probara con otro número la relación sería diferente. Para otro día.

lunes, noviembre 06, 2006

A dónde ha ido esta pasión


Ahora que Woody Allen, a través de Scoop, se adentra con ironía y humor en el mundo del periodismo, panorama del que cada día me siento más alejado por lo poco que me aporta y por la uniformidad en la mayoría de las informaciones (por una vez, coincido con Ignacio Ramonet, aunque lleve arrastrando ese discurso desde hace unos años), reviso una de mis pasiones abandonadas para empaparla de otra que todavía me emociona, aunque me cueste horrores sentarme ante la pantalla grande.

En un repaso a vuela pluma regresan títulos que me emocionaron y que en su momento inocularon un virus del que ahora trato de desinfectarme. Se asoman las impactantes imágenes de un osado John Savage que retrata en "Salvador" la barbarie de la guerra con apellido político que fue la represión de Somoza en Nicaragua. Aparece la complicidad y el sentido de la responsabilidad de Mel Gibson y Linda Hunt en "El año que vivimos peligrosamente", en una Indonesia que se acaba pareciendo a muchos lugares actuales y donde todavía el poder de la imagen no había fagocitado el humanismo del periodismo. Vuelve el retrato casi completo de lo que es la pasión en este oficio a través de los ojos, silencios, carreras y apuestas de Michael Keaton en "Detrás de la noticia". La perseverancia, el rigor, el compromiso con el público y no con los poderes de Al Pacino en "El dilema" o de Robert "Woodward" Redford y Dustin "Bernstein" Hoffman en "Todos los hombres del presidente".

Evidentemente, la subjetividad que aporta mi criterio personal retrata esta relación, donde los clásicos y algunos olvidados se entremezclan. Además, sobreviven otras cintas que me confirmaron, pero a las que he ido dejando de lado, aunque no en el olvido, caso de "Enséñame a querer", comedia dulzona, pero con más trasfondo del que aparenta, "El Ojo público", con un Joe Pesci excelso, sin caer en la caricatura o "Los gritos del silencio", cuya factura europea se nota en la mano de Roland Joffé.

Y ya que estoy me despido con la más irreverente, mordaz y lúcidamente actual de las obras cinematográficas que me acompañan desde entonces, la impagable "Primera Plana", con una escena final en la estación de tren que dudo mucho que hoy se pudiera producir.